Vicente Fernández comienza su adiós

Escrito   ▪  12/10/2012

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El color plata y dorado de su traje lucía de forma impecable. El sombrero le otorgaba una elegancia que pocos pueden presumir. El bigote, perfectamente recortado, era una estampa que lo ha acompañado en mil y un recitales. Si a los que asistieron al concierto de Vicente Fernández en el Palenque de las Fiestas de Octubre el viernes por la madrugada, les hubieran dicho que Chente no se retiraba, se lo hubieran creído. El hombre que pisó el escenario lucía energético, con una voz potente y privilegiada. Listo para seguir conquistando nuevas metas.

Pero la verdad es otra. Hace seis meses Vicente Fernández dijo que se iba. Que su momento de decirle adiós al escenario era ya, antes de que fuera el propio escenario el que lo despidiera. El palenque que ofreció en los primeros instantes del viernes, es el primero de los últimos tres que realizará en tierras tapatías. Y no hay vuelta de hoja. Él lo dijo, y es hombre de palabra.

"Buenas noches, muchas gracias por su cariño, por haberme aguantado tantos años", saludó el cantante apenas pisó el polvoroso escenario del palenque. "Como se los he dicho una y otra vez, mientras ustedes no dejen de aplaudir, su Chente no deja de cantar". Y con estas palabras, la última página de una carrera brillante comenzó a escribirse.

En su elemento favorito
El nacido en Huentitán apareció en el escenario en punto de las 00:00 horas, sumergido en una prolongada ovación. Los celulares, las sonrisas, los aplausos y las miradas apuntaban al centro del ruedo. Chente disfrutó la ovación con los ojos cerrados y tapándose los oídos. Se dejó querer.

Forjado en los principales escenarios, palenques, teatros, auditorios, plazas y estadios del país, Vicente Fernández se puede jactar de ser uno de los hombres que mejor conoce el palenque de las Fiestas de Octubre. Sabía con que canciones iba a obtener coros multitudinarios. Con cuales los silencios serían sepulcrales y con qué otras podría conmover hasta las lágrimas al más reacio de lo asistentes.

Dueño de un catálogo de éxitos que le permiten extender los conciertos durante más de tres horas, Fernández ofreció una selección de antología de sus temas más populares. Todos fueron coreados desde la grada. Con sentimiento, dolor y amor.

Desde temas clásicos del romance, pasando por la erotizante ''Nos estorbó la ropa'', hasta aterrizar en lo que son sus grandes clásicos, como ''Por tu maldito amor'' y ''El rey''. La interacción con el público se mantuvo en niveles básicos.

El cantante agradeció los aplausos y brindis en su honor. Los discursos prolongados no tenían lugar en un espectáculo donde la música era la gran protagonista. "Gracias" fue la palabra que en más ocasiones pronunció, encontrando siempre los aplausos del respetable.

Con el alma en un puño
El primer episodio de los últimos palenques deja varios retratos en el álbum de recuerdos del cantante. Primero, las lágrimas, gritos, porras y aplausos del público, que cobijó en todo momento al charro de Huentitán.

Segundo, los coros monumentales que obtuvo en temas como 'La ley del monte'', ''Acá entre nos'', ''No me se rajar'', ''Cruz de olvido'', ''La ley del monte'' y ''Volver'', siendo ésta última con la que despidió en filo de las 3:00 de la mañana del viernes.

Tercero, las lágrimas de Vicente Fernández, quien en al menos tres ocasiones trató de ofrecer un discurso con agradecimientos al público. Sin embargo, sus palabras se vieron interrumpidas en todas las ocasiones por sus propios sentimientos. El grito ensordecedor de "¡Chente!, ¡Chente!, sobrecogió en más de una ocasión al ídolo ranchero.

El público aplaudió a rabiar al terminar el concierto, esperando que se cumpliera la promesa de que mientras ellos lo hicieran, "su Chente" no dejaría de cantar. Pero Fernández decidió que las tres horas de concierto habían sido suficientes. Con un par de presentaciones en el horizonte inmediato, es mejor que reserve energías para un adiós que promete ser memorable.

Por cierto
Sobrecupo

El Palenque de las Fiestas de Octubre ofreció sus mejores galas para recibir la última serie de conciertos de Vicente Fernández. Galas que incluyeron un evidente sobrecupo en el recinto, en el que, el viernes por la madrugada, no cabía un alma más.

Al lleno que se presentó en el graderío se sumaron las escaleras ocupadas por asistentes que ya no alcanzaron un lugar, así como pasillos que lucieron abarrotados a lo largo del concierto. Zonas restringidas como el área de prensa, consola de audio y proyector de luces también lucieron con público.

 

informador.com.mx

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