Soldaderas: Las Mujeres de la Revolución Mexicana

Escrito   ▪  08/03/2017

article-image-37705

 

Ni la Revolución Francesa ni la Revolución Rusa han dado tantos relatos de adicción a la muerte como los que tiene México, no solo en la literatura sino en la tradición y el arte popular, los corridos y las canciones, que por ejemplo nos dicen que camino de Guanajuato la vida no vale nada, que también nos dicen que si me han de matar mañana que me maten de una vez u otra que canta que nomás tres tiros le dio.

La cultura mexicana es un surtidero inagotable de muerte, un flujo mortal que aún no cesa ni hoy en día, un río de pistolas. La muerte por arma de fuego, el balazo certero, el tiro de gracia frente al paredón de fusilamiento, el grito del herido que cayendo al suelo sentencia con rabia: “Acábenme de una vez, desgraciados”.

Entre las heroínas de la Revolución Mexicana, aparte de la locomotora, podemos encontrarnos a numerosas mujeres que en ocasiones llevaron peor trato que los caballos.Las soldaderas mantuvieron viva y fecunda la Revolución Mexicana y sin ellas la revolución no hubiera existido.  En México, en 1910, si los soldados no llevan su casa a cuestas: su soldadera con su catre plegable, su sarape y sus ollas, sus provisiones y tortillas, el número de hombres que habrían corrido a guarecerse a un rincón caliente hubiera significado el fin de los ejércitos.

 

Estas mujeres acompañaban a sus hombres a donde hiciera falta, aunque tuvieran que andar cientos de kilómetros.

Estas mujeres acompañaban a sus hombres a donde hiciera falta, aunque tuvieran que andar cientos de kilómetros.

soldaderas

Madres e hijas, sabían utilizar la carabina en un tiempo tan convulso como el de la Revolución mexicana.

ade01c

Las locomotoras de tren y las mujeres. Heroinas indispensables de la Revolución Mexicana.

Durante todas las guerras e invasiones, los soldados utilizaban su “soldada” (palabra de origen aragonés) para emplear a una mujer como sirvienta. La mujer iba al cuartel a cobrar su sueldo o soldada. De ahí el nombre de soldadera. Junto a las grandes tropas de Francisco VillaEmiliano Zapata o Venustiano Carranza, más de dos mil líderes lucharon en bandas rebeldes. Las soldaderas pululan en muchas fotografías. Son una multitud anónima, comparsas de los ejércitos, telón de fondo de la batalla, solo hacen bulto, pero sin ellas los soldados no hubieran comido ni dormido ni peleado.

La soldadera se encargaba de hacer las previsiones necesarias. Trabajar para un soldado se convirtió, rápidamente, en una manera de ganarse la vida y mantener a sus hijos. Como las sirvientas, las soldaderas eran libres, podían irse a la hora que se les antojara, acompañar a los soldados por todo el país o cambiar de hombre a voluntad. Algunas incluso seguían a la tropa para venderles carne seca y otros suministros, hacer sus tortillas y cocer sus frijoles y como no tenían a ningún hombre en especial, prostituirse si se daba el caso. Sin embargo, la mayoría tenía a su hombre y era fiel a carta cabal.

 

Las tropas federales en una despedida en la estación de Buenavista. La despedida se alarga.

Las tropas federales en una despedida en la estación de Buenavista. La despedida se alarga.

 

En la estación se puede comer. Por allí andan las mujeres con sus tacos y con sus salsas en un jarrito.

En la estación se puede comer. Por allí andan las mujeres con sus tacos y con sus salsas en un jarrito.

Una soldadera y su Juan. A punto de partir hacia Chihuahua, donde no había cristianos, sino puros apaches.

Una soldadera y su Juan. A punto de partir hacia Chihuahua, donde no había cristianos, sino puros apaches.

La mayoría de los soldados se procuraban mujeres para que los atendieran. En muchas ocasiones eran mujeres raptadas al enemigo o mujeres de las ciudades y pueblos conquistados. Por eso en los pueblos, a las primeras que encerraban como gallinas y las vigilaban era a las mujeres, no se las fuera a llevar el enemigo. Según el escritor Mariano Azuela, lo primero que querían los revolucionarios al llegar a un pueblo eran mujeres y dinero, en ese orden. Después se preocupaban por la comida, las armas y los caballos.

Decía Zapata: Voy a demostrarles a los carrancistas que yo peleo por la Revolución, no por apoderarme de las mujeres.

Decía Zapata: Voy a demostrarles a los carrancistas que yo peleo por la Revolución, no por apoderarme de las mujeres.

 

A los villistas todo se les iba en descarrilar trenes. Así peleaban ellos.

A los villistas todo se les iba en descarrilar trenes. Así peleaban ellos.

Pero muchas mujeres no esperaron a que llegaran las tropas rebeldes a sacarlas de la monotonía de su vida y fueron a su encuentro. Muchas mujeres se hicieron famosas entre el fuego de las ametralladoras y los fusiles, el cañoneo y el avance de la infantería, el tronar de la metralla y el galope de los caballos. Y así muchas de ellas dirigieron grupos rebeldes. Al principio repartían propaganda, transportaban armas para los rebeldes o eran soldaderas de base, pero muchas después fueron coronelas zapatistas, como Rosa Bobadilla, o Juana Ramos (La Tigresa) Carmen Parra de Alanís, la Coronela Alanís, o como Clara de la Rocha, comandante de guerrilla o como  Carmen Vélez (La Generala) que destacó por mandar más de trescientos hombres, y Petra Ruiz, teniente carrancista,  o Petra Herrera, que formo su propia brigada que ascendió a mil mujeres.

 

Decía Eric Wolf: Tanto mujeres como hombres, tanto coronelas como coroneles, integran el ejército zapatista.

Decía Eric Wolf: Tanto mujeres como hombres, tanto coronelas como coroneles, integran el ejército zapatista.

 

Nada le espantaba, ni las manos arrancadas de cuajo, ni los huesos pelados, ni el vientrre destripado, ni la cabeza ensangrentada.

Nada le espantaba, ni las manos arrancadas de cuajo, ni los huesos pelados, ni el vientrre destripado, ni la cabeza ensangrentada.

En la mayor parte de ocasiones estas mujeres soldados no eran bien vistas por los dirigentes y generales masculinos y Pancho Villa por ejemplo, concibió a sus dorados como una fuerza de caballería exclusivamente masculina. “Soldados, no permitan mujeres en la batalla.”  Un oficial trató de llevar a su soldadera y Villa lo fusiló: “Ésta es mi advertencia para los demás”. El que nunca hayan tenido un nombre específico o una participación clara en la milicia se debe al tradicional ninguneo de la mujer en México y al temor de los jefes militares a que ascendieran y llegaran a ocupar cargos de relevancia dentro de las fuerzas armadas.

Si no fuera por las fotografías de Agustín Casasola, Jorge Guerra y los kilómetros de películas de Salvador Toscano, nada sabríamos de las soldaderas porque la historia no solo no les hace justicia sino que las denigra.

 

Cada vez que se descarrilaba el tren, duraban quién sabe que tantos días en repararlo o en traer máquinas y carros de otra parte. Teníamos que desembarcar todos los caballos y sepultar a la indiada.

Cada vez que se descarrilaba el tren, duraban quién sabe que tantos días en repararlo o en traer máquinas y carros de otra parte. Teníamos que desembarcar todos los caballos y sepultar a la indiada.

Soldaderas030

Si el esposo era muerto, podían ya sea unirse a otro hombre o tomar el uniforme y arma del difunto.

 

Casi todas las tropas tenían una coronela o capitana famosa, una robusta joven con aretes, armada hasta los dientes y que entre los soldados temerarios era de las primeras en entrar en acción.

Casi todas las tropas tenían una coronela o capitana famosa, una robusta joven con aretes, armada hasta los dientes y que entre los soldados temerarios era de las primeras en entrar en acción.

Las mujeres de la Revolución Mexicana fueron llamadas vivanderas, comideras, galletas de capitán, soldaderas, chimiscoleras, soldadas, juanas, cucarachas, argüenderas, mitoteras, busconas y hurgamanderas. Ahora las etiquetamos por igual, sin distinción de bandos, como “adelitas”.

Eso sí, los corridos suplieron la falta de reconocimiento, y “La Adelita” ejerció su encanto en los oyentes. Existen varias versiones, pero todas coinciden en pedirle que no se vaya con otro, en comprarle un vestido o un rebozo de seda para llevarla a bailar al cuartel, y sobre todo en seguirla por tierra y por marsi por mar en un buque de guerra, si por tierra en un tren militar.

La versión más aceptada del origen de este corrido, asienta que Adela Velarde Pérez, nacida en Chihuahua, se fugó de su casa y a los catorce años, en febrero de 1913, se unió a las tropas carrancistas.

Pero hay más corridos que cantan las heroicidades de las soldaderas mexicanas, normalmente son ingenuos y apabulla su candor, pero por ejemplo, el corrido “Agripina” es uno de los que mejor ilustran las atrocidades de la Revolución, y dice así: “-Ay –decía doña Agripina / con las armas en la mano / Yo me voy con esta gente / para el cerro Zamorano. […] Vuela, vuela palomita / con tus alitas muy finas; /anda, llévale a Agripina / estas dos mil carabinas. / Vuela, vuela palomita / con tus alitas doradas; / anda, llévale a Agripina / este parque de granadas”.

soldadera461x678

Ya con ésta se despide, por la verde nopalera, aquí se acaba el corrido, de la guapa soldadera.

Fuentes documentales utilizadas:

Las soldaderas. Elena Poniatowska.
Las soldaderas. Elizabeth Salas.
Fotografías: Fototeca nacional del INAH en Pachuca.

La Ranchera 96.7 FM - Los Angeles | Aqui Estas: