Azúcar, la otra droga mortífera y adictiva en Oaxaca

Escrito   ▪  26/07/2017

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Chatarra y bebidas endulzadas inundan comunidades

Lejos de las frutas, verduras y leche, las tiendas en las comunidades rurales de la entidad se encuentran copadas de comida chatarra y bebidas azucaradas, principalmente por refrescos, que aportan en promedio entre 13.6 y 12 cucharadas de azúcar por cada 600 mililitros.

La adicción por el consumo de este tipo de bebidas endulzadas muchas veces rebasa el monto de los ingresos diarios de las familias de comunidades en Oaxaca con la categoría de alto grado de marginación; las bebidas y comida chatarra llega a representar más de un 30 por ciento de un salario mínimo diario o entre el 1.7 y 2.3 salarios mínimos por semana para una población que, en muchas ocasiones, carece de trabajo fijo o labor remunerada.

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), publicada en 2015, revela que los mexicanos invierten el doble de sus ingresos en la compra de bebidas alcohólicas y no alcohólicas, en comparación que lo destinado a frutas y verduras.

 

El desgloce de esta cifra representa el 44 por ciento de las bebidas corresponden a la compra de refrescos; 36 por ciento leche y 20 por ciento agua.

La ruta del azúcar

Los hábitos alimenticios en las poblaciones marginadas quedaron evidenciadas en un recorrido realizado por NOTICIAS por comunidades del distrito de Zaachila, en los Valles Centrales, entre la población de esta región el azúcar es el principal ingrediente en la mesa.

Especialistas en el área de la medicina han calificado al azúcar como la droga más peligrosa de todos los tiempos, pues además de la adicción que genera, es de fácil acceso, lo que acarrea, en consecuencia, enfermedades relacionadas con una mala alimentación, como la obesidad, diabetes e hipertensión arterial.

Oasis en el desierto

Bajo los rayos rayos del sol Maricela Cruz, Emilia Martínez y Catalina Cruz encuentran una tienda. Mientras caminan sobre el sendero que una a la cabecera de San Pablo Cuatro Venados con la ranchería El Zacatón las mujeres indígenas muerden una tortilla tlayuda sin preparar, para después dan un sorbo a un refresco de cola.

Con media hora de recorrido y distantes aún a tres horas de casa a pie Maricela, de más de 60 años de edad, reconoce que aquel golpe de azúcar en su cuerpo le sabe a gloria.

El calor y el cansancio generado por un camino cuesta arriba hacen necesario el comprar el refresco, al que consideran en ese preciso momento como una necesidad, pero en su vida cotidiana representa un lujo al carecer de ingresos que puedan solventar la ingesta diaria del producto.

Maricela gastó 12 pesos en el refresco de 600 mililitros, mientras que su vecina, Emilia, dispuso de 12 pesos por una botella de agua de litro y medio.

 

Dicen que es veneno y uno mismo lo compra. Es malosa, pero se siente bien

 

La madre de familia, quien ha vivido toda su vida en su comunidad, recuerda que hace muchos años las tiendas estaban colmadas de alimentos sanos: costales de frijol, garbanzos, entre otras semillas, y unos cuantos chicles.

 

 

Dulces paraderos

Desde la agencia de La Lobera del municipio de Santa Inés del Monte hasta la comunidad de San Pedro Cuatro Venados, destacan los letreros de coca cola, pepsi, marinela-bimbo, entre otros.

Tan sólo en la comunidad de La Lobera, con poco más de 500 habitantes, en un tramo no mayor a un kilómetro se ubican al menos cuatro tiendas en las que el producto rey es las bebidas azucaradas.

La comerciante Maribel afirma que sus vecinos mantienen en su hábitos alimenticios el consumo de refrescos. Uno de ellos, asegura, compra cada día un refresco pepsi de tres litros, lo que al final de la semana representa un gasto de 182 pesos; el menor de esa familia, de 13 años de edad, tiene sobrepeso.

Otra vecinas del lugar sostiene la versión de una alimentación poco saludable.

 

Aquí sí se come mucha comida chatarra, en las casas las personas tienen sus bultos de alimentos de soya, arroz, frijol, pero consumen más el frijol en lata

 

Sobre el camino, el anuncio “Sin Hambre” es el marco a la entrada de la comunidad en la que la resaltan casas de lámina y madera.

El escenario es el igual al llegar a la comunidad de San Pablo Cuatro Venados. Aquí, en medio de una tierra rica en recursos naturales y atractivas vistas, las personas también son adictas al azúcar.

“Por la economía bajó la venta, pero sigue el consumo del refresco”, sostiene el comerciante Panfilo López, quien asegura que en su tienda no vende productos perecederos como verduras y frutas -a excepción del huevo- porque la venta es mínima, además que cada semana pasa un ambulante que las oferta a precios accesibles.

La población no es muy grande y existen al menos otras dos tiendas al paso de la calle principal, pero en este negocio cada 20 días es necesario a surtir de al menos otros tres paquetes de refrescos de 600 mililitros y 32 botellas de 2.5 y tres litros.

En este caso, los letreros en la tienda son claros. La coca cola de tres litros se vende en 34 pesos, de 2.5 litros en 28 y 12 pesos una de 600 mililitros. Mientras que alimentos como queso, quesillo y chorizo van de los 22 a los 15 pesos.


Comida plástica

En el estudio “¿Qué vamos a comer hoy?”, realizado por Centro de Estudios Sociales y Opinión Publica, del 2016, indica que el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición estima que el problema de una mala alimentación continúa, porque se carece de una orientación alimentaria, no se combate realmente el consumo de alimentos chatarra y poco se destinan recursos a la producción de frutas, verduras, cereales y legumbres acorde a cada región del país.

En los medios urbanos sobresale el consumo de alimentos con altos niveles calóricos, bajos niveles de consumo de leguminosas (especialmente frijoles) y alto consumo de refrescos y bebidas azucaradas.

Mientras que el Inegi informa que en el periodo de 2003 a 2013, el consumo de alimentos considerados naturales fue de 12.9 por ciento y el 87.1 por ciento corresponde a comestibles procesados.​

 

"Malpasada" mortífera

La directora de prevención y promociona a la salud, de la Secretaría de Salud del estado, María del Pilar Nava Ramírez, indica que en promedio siete de cada 10 oaxaqueños padecen de obesidad.

Sin precisar qué lugar ocupa la entidad a nivel nacional por este padecimiento, pues dijo que no existe un estimado específico, la especialista apunta que la obesidad se deriva en mucho de los casos por el alto consumo de azúcar tanto en alimentos como en bebidas, lo que al final resulta en el desarrollo de enfermedades crónico-degenerativas.

Indicó que cada vez son más los ciudadanos que por la rutina del trabajo “saltan” una comida y la sustituyen por panecillos y refrescos, lo cual genera un golpe de azúcar. Si el organismo no logra procesar toda la cantidad de azúcar ingerida, la transforma en grasa.

 Fuente: nvinoticias.com

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